Si queremos saber qué siente la gente y cómo vive, cómo son sus emociones, y los motivos y las razones por las que actúan en la forma con
que lo hacen: ¿por qué no preguntarles a ellos mismos? G. ALLPORT.
Tal vez la ciudad empezó a resultarle extraña. Con tantos cambios, con hábitos y costumbres depositados definitivamente (¿definitivamente?) en el arcón del olvido. Y siguió haciendo lo que supo hacer en esta vida. Buscar y buscar. Entre revoltijos y antigüedades. Siempre con el propósito de verse reflejado en la sonrisa de los otros. Yugándola bajo el sol o la llovizna por un rato de alegría quele dé fuerzas para seguir. Siempre la dicha de la gente. Grandes y chicos. Esa fue su obsesión en este mundo.
Seguramente habrá encontrado en la eternidad algún barrio acorde a la ternura. Ahí andará. Como transitó estas calles. Desde Caminito a Plaza Dorrego. En Lavalle o Plaza Francia. Con su música brotando de su amado instrumento. Uno los imagina en un paseo despojado de cansancio. Regalando tarjetitas con versos de colores. Emergiendo entre el asombro. Contando historias de un lugar habitado de poetas entrañables. Una Buenos Aires lejana en el tiempo y la distancia.
Modelado en la simpleza, en la profundidad de las palabras que reposan en el alma. Con su mirada que envuelve primaveras. Con su clásico rancho en la cabeza.
Entonces uno se acuerda de Carriego. Y despierta el recuerdo adormecido en la memoria. Hasta reencontrar en su inspiración el ritual incomparable de la inocencia organillera.
Veinte años no es nada. La voz del zorzal minimiza una verdad filosófica. El tiempo es una construcción del hombre. La Tribu también. O el rosal de una primavera deseada. Entonces la historia se vuelve "Viva Rojo" y la memoria se habita de voces y sonidos. Palabras y silencios. Un castillo que ve pasar al viento de costado.
La casona de Almagro. Un culto a la vida. Sin interferencias. Una voz que te dice "Apaga la Tribu y hace tu radio". No hay vueltas que darle. "Cara y señal", dicen los Mayas. Y te reconocen por tu señal. Aún cuando los vende humo ennegrecen las mañanas de odio.
Una guirnalda de sentimientos. Un manuscrito de ideas en las mesas del bar. La contradiccion motoriza el devenir de la historia. Si no fuera asi no hubiera tenido sentido treparse de una antena clandestina en un edificio de la calle Gascon.
El mundo se reinventa a cada instante. Exige relatos que no se pierdan en la modorra del mercantilismo mediatico. Justamente, no haber sido parte del aquelarre periodistico es un buen sintoma. Entonces... es cierto, por tu señal te identificaran. Caminar la propia vida exige riesgos. Supone peligros. Al fin y al cabo no nos sera devuelto como una dadiva el tiempo usurpado.
Y a proposito del tiempo. Veinte años no es nada canta el zorzal en una mesa de sueños por la calle Lambare. Antes de que estas lineas terminen de leerse ya estaran sembrando la decada que se viene. No les alcanza lo vivido, a quienes tienen tanto por andar. Un abrazo tribal de venideras victorias para los que mas que contarla, la historia prefieren hacerla.
Hay quienes hablan sin decir nada. Hay quienes dicen sin hablar. La vida no es un juego de palabras. Pero a veces las palabras juegan a estar vivas. Son palabras huérfanas de significado. Entonces una tormenta de ruidos semánticos se precipita sobre nosotros. Nos empapa de sinsentido. Inunda da nada las calles de la razón.
Esas palabras suelen lanzarse en todo momento, en todo lugar. Terrible es admitir que uno no está libre de alimentar esa multitud de oradores del asfalto. Y eso avergûenza. Sitúa cruelmente en el ridículo.
Porque a diario atentamos contra esa gigantesca verdad que afirma “no hablar si lo que se tiene para decir no es mejor que el silencio”
Un sabio Gurú Vaisnava gustaba decir a sus discípulos, para que entendieran el sentido erudito del silencio, que “el sapo croa y llama a la muerte”.
Eso siente uno que hace cada día. Aunque cada noche apoye su cabeza en la almohada prometiéndose austeridad, justeza y precisión de vocabulario.
Por eso voy a empezar por arrimarme a quienes dicen sin hablar. Por ahí, quien le dice, aprenda la lección. Si esto me fuera posible, sin duda alguna, estaría haciéndole un MIMO al alma.
Me callo. Se lo aseguro. Sumerjámonos en un océano de gestos y miradas.
El pasado lunes 19 de enero FM 93.5 MHZ "La Voz Sudamericana" fue censurada y cerrada por los señores Mauricio Goldfarb (Mauro Viale) y Mario Kaminsky.
El apoyo al pueblo palestino y el repudio hacia el estado de Israel por los crímenes que comete en la franja de Gaza, provocaron una amenaza previa y fueron factores determinantes en la decisión de silenciar la FM y prohibir la entrada de todo el personal de la misma.
Ante éste despojo político concretado en un acto de censura sin precedentes en la historia Argentina, quienes integramos el colectivo de trabajo y comunicación de la CENSURADA FM 93.5 MHZ "LA VOZ SUDAMERICANA" realizaremos una conferencia de prensa en el Hotel Bauen el día Martes 03/02 a las 17 horas.
Invitamos a todos los medios de comunicación, a las organizaciones sociales, ciudadanas y ciudadanos a asistir a la misma, donde explicaremos detalladamente que fue lo que ocurrió, quienes fueron los censuradores y los próximos pasos a seguir.
Hoy más que nunca hay que discutir la nueva ley de radiodifusión que incluya los derechos soberanos de acceso a la comunicación democrática.
Adhieren:
U.T.P.B.A., Comisión de Medios de Carta abierta, Osvaldo Bayer, Comedor los Pibes de la Boca, Movimiento Evita, Frente Transversal Nacional y Popular, Movimiento 26 de julio, La Casita (Augusto Conte), Juventud Peronista (JP), Generación por la Emancipación Nacional (GEN), Asociación Civil Martín Castellucci, Colectivo de Educación y Comunicación Popular "Mate Amargo", Periódico "Resumen Latinoamericano” y “Cátedras Bolivarianas", La Culturoza, Sudestada, Sumemos, Movimiento Libres del Sur, Agencia de noticias Paco Urondo, FRENTE AMPLIO (Uruguay), Corriente Nacional Martín Fierro
Frente Barrial 19 de Diciembre y demás organizaciones.
“…Mientras hayan hombres de primera y segunda categoría, yo seguiré gritando guerra." (Bob Marley)
La década del cuarenta insinúa un tiempo inolvidable. Buenos Aires derrama la elegancia del porteñismo como un champagne bien frapé. Tango, cine y poesía.
Sueños que se fuman en la mesa de una confitería vestida de fiesta. Un ritual de sensualidad y labios que se buscan. Miradas que lucen como pinturas en el terciopelo de tantas madrugadas.
El proletariado despierta. Engalanado de futuro. Dispuesto a escribir una historia nueva que siga tallando aún en el tercer milenio.
Entonces un hombre irrumpe la escena del arte que dibuja modelos de época. Inventa identidades. Crea un prototipo de hombre y mujer a su gusto y semejanza.
Envasa historias y personajes en las páginas de su magia. Un mundo de color en el universo de una revista nacida para hacer leyenda.
En Diagonal Norte al 800 la redacción se habita de risas. La vida se abre como un abanico de sorpresas. Hay un grupo de audaces dándole formas a la imaginación. Seduciendo con un lenguaje que los hermana con la calle.
Viajemos en el tiempo. La puerta entreabierta nos invita a entrar. Ahí todo sucede en viñetas. Hay hombres dispuestos a la charla. Vale la pena dejarse llevar. Tal vez bosquejen en nuestros rostros una sonrisa digna de un “rico tipo”.
“En serio Arlt. Créame que es así. Se lo dice un hombre de izquierda.”
Ahí debe andar José Luis. Sentado en una mesa sin tiempo. Tratando de hacerle entender a Roberto Arlt el peronismo. Explicándole porque lo echaron del partido. Lo mira Tuñón, su poeta admirado. Raulito, como le gustaba llamarlo a José Luis. Sonríe Marechal y lo dice todo. En ese bar donde la charla no reconoce comienzo ni final.
Se habrá llevado recuerdos, paradojas y cosas que deben motivar el asombro de todos quienes frecuentan esa tertulia inagotable. En cambio sus libros quedaron anclados en estos lares. Provocando curiosidades en tanta biblioteca. En casas y manos de amigos. Eso, de mano en mano. Como él siempre quiso que vivan. Porque los libros viven en ese peregrinar permanente. Los que alguna vez viajaron en remis durante la noche oscura de la casa de brujas. Los que supieron del ocultamiento en el camuflaje de una valija. Los mismos que hoy danzan su metáfora a plena luz del sol. Aquí dejó algo que amó y para lo cual vivó. El arte, la cultura, el conocimiento grabado en el papel exquisito de una primera edición.
Total, allá no habría de usarlos. No hace falta. Esas palabras viven en él, y se beben en copas que embriagan el espíritu de belleza.
Solía decir que en este país canibalesco los homenajes llegan con la muerte. Nosotros colgamos en esta piecita de buscas su retrato cuando caminaba estas calles. Con sus chistes, su bonhomía, sus ocurrencias y una generosidad que lo hacía lógico. Alcanzable a nuestras posibilidades.
Cuando la charla rumbeaba hacia parajes filosóficos recurría a una frase que le gustaba citar: “dejen el cielo a los ángeles y los gorriones y ocúpense de los problemas de la tierra que los tiene y muchos.”
Lo lamento José Luis. Uno se atreve a darte la espalda en estas cuestiones. Por eso te imagina en un barrio celeste de poema sin fin, rodeado de una eterna primavera de rosas blindadas.
“¿No es cierto Leopoldo?”
Poema
Las rosas se asoman insistentes en el aire azul.
¿Nos están permitidas sin traicionar la memoria?
El recuerdo es poca cosa para tanto pasado,
para tanta vida sobre el abismo.
¿Es este otro vino, otro el amor?
¿O todo es un río solitario que deja a algunos en la orilla
crucificados en la injusticia de la muerte temprana?
Sobre las rosas los soldados de hielo desaparecen
llevados por el río
y nosotros olfateamos la vida
como animales desbarrancados pero vivos.
Auulamos los viejos nombres de la batalla
pero la guerra ha terminado.
Las antiguas banderas solo flamean
en la tormenta de nuestro corazón.
Descansen en paz los compañeros
bajo una tierra sembrada de sal,
sobre la cual comenzamos a pelear contra el olvido
Hay que cambiar la historia. El mundo. Porque se debe, porque se puede, porque en esto nos van los sueños. Empecemos por la patria. Un destino épico espera cerca. Aún cuando el día de mañana sea un cuento con final abierto.
Ginebra, minas y facultad de Medicina. ”¡ Petiso liberalete! ¿Querés hacer guita o ser un militante popular?”
El miedo es una yarará que oprime el pecho. La garganta. Cada órgano. Siempre se rescata un brote de aire fresco. ¿Siempre?
“Dale negro, en diciembre me recibo”
Tiempo de amor intenso. Acuarelándose en ojos de mujer. Ardiendo en las llamas de una amistad profunda. Hermandad. Lazos estrechos que apretujan más fuerte que esa serpiente letal.
Maldita sea. El miedo, claro. El espanto de no llegar a la victoria. A esa plaza descamisada bailando de gloria. Empapada de triunfos. Liberada.
Grapa y a luchar. ¡Viva Perón carajo!
“Me recibí negro!”
El arma sella la suerte o la desgracia, no obstante los caminos conducen a esa pantalla que balea la calma con su realismo patético.
Un puñado de hombres y mujeres que se quiere es imbatible. Si no es así pensemos, al menos, que lo es.
Abruma el acecho de la tortura. Mejor caer peleando. Atravesar el límite del daño como el final de una poesía desgarradora.
Se puede perder. Pero se puede vencer abrazado al heroísmo.
Un racimo de humanidades tan diversas y con un solo corazón latiendo por todas ellas. Alimentando las almas de alegrías. Estremeciendo de pesares. El llanto ensangrentado es el reverso de una mirada fraterna.
“¡Tenemos un doctor en la organización!” Una esperanza de vida, aunque a veces los atajos acarrean a la